Para situarnos
En un momento en que las órdenes militares desempeñaban un papel crucial en la defensa y la expansión territorial durante la Reconquista, el Castillo de Calatrava la Nueva surgió como una fortaleza estratégica para proteger las tierras recién conquistadas. Su función principal estuvo vinculada a la Orden de Calatrava, que ejercía control militar y religioso en esta región fronteriza.
Este castillo se convirtió en sede principal de la orden tras un traslado desde la antigua fortaleza de Calatrava la Vieja, reflejando un cambio importante en la organización de la defensa y la administración de sus territorios.
El lugar y su historia
El Castillo de Calatrava la Nueva fue construido en una etapa posterior a la fundación de la orden, como respuesta a la necesidad de contar con una fortaleza más segura y mejor situada. Su construcción se desarrolló durante la Baja Edad Media, consolidándose como el centro neurálgico de la Orden de Calatrava.
A lo largo de su historia, el castillo cumplió funciones militares, religiosas y administrativas. Además de ser una fortaleza defensiva, alojó un monasterio donde los monjes guerreros vivían siguiendo la regla de la orden. Esta dualidad de funciones refleja la naturaleza particular de las órdenes militares en la península ibérica.
En diferentes periodos, el castillo sufrió reformas y ampliaciones, adaptándose a los cambios en la guerra y la política. Su importancia fue decayendo con el tiempo, especialmente tras la pacificación de la zona y la transformación de las órdenes militares.
Qué ver hoy
Actualmente, el Castillo de Calatrava la Nueva conserva restos de su estructura defensiva, como murallas, torres y un recinto amurallado que permiten entender su función como fortaleza. El acceso principal y las defensas exteriores muestran la importancia de la protección frente a ataques.
Dentro del recinto, se pueden observar las ruinas del monasterio, que incluyen restos de la iglesia y dependencias monásticas. Estos elementos ilustran la convivencia entre lo militar y lo religioso en el lugar.
Además, se conservan algunos espacios que indican la organización interna de la fortaleza, como patios y estancias vinculadas a la vida cotidiana de la orden. Estos vestigios ofrecen una visión clara de cómo se desarrollaba la actividad en una fortaleza monástica del medievo.




